
La leche, el yogur y el queso son fuentes de calcio de fácil absorción.
Además de calcio, estos alimentos también aportan proteínas que ayudan a mantener la estructura de los huesos y los músculos. Si no consumes leche debido a la intolerancia a la lactosa o a tus hábitos alimenticios, es importante asegurarte de obtener calcio de otras fuentes en tu dieta.
4. Frutos secos y semillas

Las almendras, las semillas de sésamo, las semillas de chía y los anacardos no son las principales fuentes de calcio, pero aportan magnesio y muchos micronutrientes importantes que intervienen en el metabolismo óseo.
Además, los frutos secos contienen grasas insaturadas beneficiosas para la salud cardiovascular. Consumidos con moderación, contribuyen a una dieta equilibrada y favorecen la salud en general.
5. Frutas ricas en vitamina C
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